La marca personal no es una moda, es reputación humana en la era de la inteligencia artificial

La marca personal fue presentada, durante años, como una estrategia para ganar visibilidad, vender más o destacarse en un mercado competitivo. Se la asoció a redes sociales, exposición constante y promesas de éxito rápido. Esa mirada reducida dejó afuera a muchas personas que, aun haciendo un trabajo excelente, no se sentían identificadas con ese modelo. Sin embargo, la marca personal no nació para crear personajes ni para forzar discursos aspiracionales, nació para algo mucho más: reconocer el valor humano detrás de lo profesional.

La marca personal no se fabrica, siempre en las sesiones digo que se “revela”, porque surge del recorrido, de las decisiones, de la forma de trabajar y de estar en el mundo. Es un proceso de decantación y no de exageración.

Hoy la inteligencia artificial puede escribir textos, diseñar imágenes, generar ideas y replicar estilos con gran precisión. Puede acelerar procesos y optimizar resultados. Frente a esto la pregunta central que me surge no es qué hacemos mejor que una máquina, sino ¿qué nos hace irremplazables como humanos?.

La respuesta no está en la técnica, sino en la identidad. Ninguna inteligencia artificial puede replicar una historia vivida, una ética profesional construida con valores, un criterio formado a caídas, ni una forma genuina de relacionarse con otros mediante una emoción. Por eso es que pienso que, actualmente, donde todo puede copiarse, la coherencia se vuelve un diferencial.

Uno de los grandes malentendidos alrededor de la marca personal es creer que depende de la visibilidad digital, cuando el concepto mismo incorporado por Tom Peters fue en 1997 y la primer red social como tal iba surgiendo poco después. La marca personal obligada a gestarse en las redes sociales es un concepto obsoleto que surgió de la necesidad del ego impuesto por los algoritmos del momento, pero tal marca existe incluso cuando no hay redes sociales, cuando no hay exposición pública o cuando una persona elige no mostrarse.

Durante muchos años, innumerables profesionales construyeron su marca personal detrás de bambalinas. En reuniones, en decisiones difíciles, en la forma de resolver conflictos, en cómo lideran, acompañan o sostienen procesos. Aunque nadie la viera, la marca estaba ahí, operando y esto es algo que nadie me lo contó, sino que lo vivencié…

La marca personal vive en la reputación, en la confianza que generás, en cómo te recuerdan.

Hoy ocurre algo revelador, por lo menos para mí, y es que muchas oportunidades profesionales no nacen de la visibilidad, sino de la reputación. Contratos, alianzas y proyectos surgen porque alguien recomienda, confía o valida una forma de trabajar, aun sin haber visto una red social o un portfolio público.

Esto expone una verdad incómoda pero necesaria: la visibilidad sin sustancia es frágil y la reputación consolidada es la poderosa.

Entonces Magu, dónde entran las redes sociales y el mostrarnos?, me preguntarás… es una decisión estratégica de tu marca personal, que no requiere de hacer videos y bailar sino de hacer foco. Si querés estratégicamente lograr tu expansión: llegar a más personas, a más lugares y mostrar esa reputación, entonces hay que exponerse pero considerando que el futuro de las marcas personales y de los vínculos profesionales no está en publicar más, sino en sostener coherencia en el tiempo… sin traicionarte, sin defraudarte.

Marca personal para profesionales en relación de dependencia

A principios de 2025 llegó Mica a mis sesiones de Marca Personal. Trabaja en relación de dependencia desde hace cinco años. No tiene LinkedIn ni interés alguno en construir presencia en redes sociales. Las tiene, sí, pero no las usa. No le gusta exponerse, le da miedo compartir fotos de sus hijos y prefiere un uso íntimo y cuidado de lo digital: sigue a sus amigos, a los más cercanos, y nada más.

Desde el inicio quedó claro que su conflicto no tenía que ver con la exposición. Simplemente no la quería. Entonces empecé a indagar por otro lado: la posibilidad de un negocio propio. Y ahí apareció mi reflejo automático. Mi formación en negocios digitales hizo lo suyo y, casi sin darme cuenta, empecé a sugerirle ideas, productos digitales, caminos posibles para emprender. Yo suelo sugerir lo que a mí me salvó, pero entendiendo, y aceptando, que no es para todos.



Mica fue muy clara: “Yo soy muy feliz donde estoy”, y sin embargo, algo no terminaba de cerrar, había una incomodidad sutil, una sensación de no estar del todo plena. A lo largo de las sesiones comenzaron a aparecer creencias y bloqueos que fue trabajando en paralelo con su psicóloga, mientras nosotras avanzábamos en su marca personal y no desde la visibilidad, sino desde la identidad. En la sesión cuatro, cuando abordamos la comunicación y los temas en los que necesitaba generar conversación dentro de su trabajo, algo se destapó. Literalmente, fue como abrir una olla a presión!.



Lo que Mica necesitaba no era mostrarse más, necesitaba alinear lo que sentía, lo que decía y lo que hacía en su entorno laboral, sin redes sociales, sin exposición, sólo en ese espacio cotidiano de siete horas diarias donde su marca personal ya existía, aunque ella no la estuviera mirando. Ahí entendí, una vez más, que la marca personal no es exclusiva de emprendedores. También es fundamental para quienes trabajan en relación de dependencia y se sienten bien en su rol. En estos casos, trabajar la marca personal no busca protagonismo ni visibilidad externa, sino claridad interna porque es lo que permite reconocer el propio valor, ocupar el lugar con mayor seguridad, comunicar con coherencia, poner límites sanos y tomar decisiones alineadas, porque una persona que se reconoce profesionalmente se posiciona mejor, incluso cuando no tiene ninguna intención de hacerlo.



El viernes pasado Mica me escribió y levantaré la copa por ella…

Siento que todo está dominado por métricas, performance y resultados inmediatos, pero la marca personal propone otra vara: la calidad humana. Ahora no se trata de parecer, sino de “ser”. Ya no se trata de impresionar, sino de habitar nuestra profesión y nuestro trabajo con coherencia. Porque la confianza puede acelerarse con tecnología, pero sigue siendo artesanal y la marca es el lugar donde eso se construye.

La marca personal no viene a decirte “vendete mejor” como los millones como vos que lo están haciendo, viene a hacerte una pregunta más dura, más profunda:

¿Quién sos realmente cuando nadie te está mirando?

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